lunes, 29 de agosto de 2016

Lo humano y lo político



Descargar: PERCONTARI 10

Jorge Roberto Marquez Meruvia[*]

…un príncipe que quiera conservar su autoridad deberá aprender a no ser bueno y usar ese conocimiento, o prescindir de su uso, según las necesidades que se presenten.
Nicolás Maquiavelo

Aristóteles fue quien se ocupó del denominado “zoon politikón” que hacía referencia al animal que vivía en la polis de la Grecia clásica, puede entenderse también como “animal cívico”. Actualmente el “zoon politikón” se lo comprende como “animal político” gracias a las traducciones y posiblemente un error intencional de Santo Tomas de Aquino. Para ambos autores el hombre tenía la capacidad innata de vivir en sociedad y por ende interesare en lo político. La única forma de que se desarrolle el individuo es teniendo la capacidad de vivir en sociedad. Debido a que el individuo debe vivir rodeado de otros individuos existe desde la antigüedad una ligazón entre lo humano y lo político.

Conocemos que el término política ha sido transmitido por la obra de Aristóteles que lleva por nombre Política, tal obra es considerada como el primer tratado sobre la naturaleza, las funciones y las divisiones del Estado, también toca las diferentes formas de gobierno. Durante siglos se ha empleado el término política para indicar (en la mayoría de los casos) obras dedicadas al estudio de aquella esfera de actividad humana que de una u otra forma logran hacer referencia a las cosas del Estado. En la edad moderna el término acuñado por Aristóteles pierde su significado original, poco a poco va siendo sustituido por otras expresiones como por ejemplo: ciencia del Estado, filosofía política, doctrina del Estado, ciencia política, etc., y se emplea para indicar la actividad o el conjunto de actividades que tienen como término la referencia polis, es decir el Estado. De la actividad política se encarga el sujeto, el individuo, razón por la cual pertenecen a la esfera de lo político actos como el ordenamiento (o prohibición) algo con efectos vinculantes para un determinada sociedad, el ejercicio de domino exclusivo en un determinado territorio, el legislar, el legislar con normas validas, etc. Pertenecen también a la esfera de la política acciones como: conquistar, mantener, defender, ampliar, abatir, reforzar, trastornar el poder estatal, etc.

Para los hombres la sensación de no tener poder sobre las demás personas en los hechos resulta insoportable: el hombre se siente desvalido y miserablemente mal; sin embargo, en el mundo en que vivimos actualmente, puede ser peligroso demostrar demasiadas ansias de poder político o actuar abiertamente para obtenerlo. El hombre debe mostrarse decente y equitativo, de modo que debe ser muy sutil, agradable y simpático y, al mismo tiempo, artero; democrático pero engañoso.

Nicolás Maquiavelo mencionaba: “Todo hombre que intente ser bueno todo el tiempo terminará arruinado entre la gran cantidad de hombres que no lo son”. Toda interacción humana siempre tiene una cuota de engaño en diferentes escalas o niveles, podemos afirmar que en cierta medida la diferencia de lo humano y lo animal es su capacidad de embaucar. Los mitos griegos, en el Mahabharata de la India, en la leyenda épica de Gilgamesh del Oriente Medio, el uso de prácticas engañosas es un privilegio de los dioses. Ulises uno de los grandes hombres de la mitología, fue valorado por su habilidad de rivalizar con la capacidad de los dioses, robarles algunos de sus poderes divinos y tener el atrevimiento de competir con ellos en agudeza de ingenio. Las artes del engaño se han desarrollado en conjunto con las civilizaciones y es un arma muy poderosa en el juego de la toma del poder político.

El poder es amoral. Una de las habilidades de los hombres será aprender a ver circunstancias, en lugar de, simplemente, el bien o el mal. En el juego por la lucha del poder político los hombres utilizan estrategias, debido a que es un juego social. Baltasar Gracián, cortesano del siglo XVII expresaba: “Mucha gente invierte su tiempo en estudiar las características de animales o de plantas. ¡Cuánto más importante sería estudiar a la gente con que tenemos que vivir o morir!”. El juego por el poder político puede tener costos bajos o altos, tal como mencionaría Nietzsche: “El valor de una cosa a veces no radica en lo que se logra con ella, sino en lo que se paga por ella, es decir, lo que nos cuesta.”

Lo humano y lo político, ese idilio eterno desde que existe el hombre.   

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[*] Politólogo 

viernes, 26 de agosto de 2016

3 modelos de liderazgo para comprender Bolivia




Jorge Roberto Marquez Meruvia[*]

Carlos Matus, hombre que la historia ha olvidado y que fue creador de una escuela de “Políticas de Estado y Desarrollo Local” con importantes aportes teóricos y prácticos. Entre los aportes casi olvidados Matus es la que hace una distinción sobre tres modelos de liderazgo. Con los modelos que describe podemos ver y explicarnos el escenario boliviano antes y después del fatal desenlace de mineros y un viceministro de Estado muertos.

Los modelos de liderazgo son: Chimpancé, Maquiavelo y Gandhi.

El modelo Chimpancé, tiene como base el trabajo del antropólogo y primatólogo de nacionalidad holandesa Frans de Waal sobre el comportamiento de poder en comunidades de chimpancés, en éste modelo, prevalecen las rivalidades y alianzas que tiene como finalidad de mantener el poder por el poder. Caracterizado por la imposición de la fuerza para conducir a la manada al azar (a ninguna parte). No se puede evidenciar la existencia de un proyecto de largo o corto plazo. El proyecto es el simio de turno que tiene la capacidad de imponer su fuerza y el simio de turno es el proyecto.

El modelo Maquiavelo, supone un comportamiento un poco más refinado y menos salvaje que el primer modelo. Quien ejerce el poder goza de ser alguien que se alfabetiza, logra desarrollar de manera relativa su inteligencia y tiene la capacidad de poner sus valores embrionarios al servicio de un proyecto colectivo. Lamentablemente, el proyecto se confunde con él, en un juego maniqueísta simple en una combinación binaria amigo-enemigo donde todo recurso tiene validez para desaparecer al adversario bajo un pretexto común, o una ideología.

El modelo Gandhi, al contrario de las dos mencionadas anteriormente, tiene como base la fuerza moral y el consenso. Es un escenario donde no existen los enemigos. Las ideas y argumentos están en constante movimiento y tienden a prevalecer sobre el ejercicio de la fuerza y el mesianismo. Éste modelo, ya no trata de derrotar sino de ganar al otro; del reencuentro, de escucharlo, de tolerarlo, entenderlo y perdonar. Superando los antagonismos y las visiones dogmáticas, dejando de lado los prejuicios en una sincera actitud de ver al otro como a uno mismo. Claro ejemplo de que es posible la práctica del tercer modelo son las actitudes que fueron llevadas a cabo por Nelson Mandela y las políticas llevadas a cabo en su gobierno como la “Comisión para la verdad y la reconciliación”.

Los tres modelos explicados nos ayudan a comprender Bolivia y a varios países del ancho mundo. También, es una crítica a nuestra sociedad porque los líderes son un reflejo de nosotros. En 1909 Alcides Arguedas relata que había recibo una carta de José Enrique Rodó sobre “Pueblo enfermo”, en la que éste le decía: “Los males que usted señala […] no son exclusivos de Bolivia: son, en su mayor parte y en más o menos grado, males hispanoamericanos, y hemos de considerarlos como transitorios […]. Usted titula su libro Pueblo enfermo. Yo lo titularía Pueblo niño. Es concepto más amplio y justo quizá […]”. Para Arguedas de todos los reparos a su obra, la de Rodó fue la que más impresión le produjo.

¿En cuál de los tres modelos nos encontramos descritos los bolivianos?       



[*] Politólogo 

lunes, 15 de agosto de 2016

191 años descritos en el libro de arena




Jorge Roberto Marquez Meruvia[*]

Debemos recordar que entre las cualidades que hacen que el libro de arena sea un texto fascinante es que es infinito, su numeración no tiene orden ni correlación, ya que al ser infinito las cualidades antes mencionadas son posiblemente innecesarias. Las hojas que leemos, o que en algún momento llamaron nuestra atención jamás las encontraremos nuevamente. El azar y nuestra hambre de conocimiento pueden hacer que lleguemos al umbral de la locura al entrar a sus páginas; hay leyendas que mencionan que probablemente el libro de arena se encuentre maldito. Recuerdo que mientras lo hojeaba un día haber encontrado una sentencia de uno de los discípulos de Paracelso: “aquí, bajo la luna, todo es mortal”.

Ya que el libro de arena es infinito, me puse a buscar pasajes de la historia de Bolivia. Tal ejercicio que parece tan peculiar; buscar la historia de Bolivia, es tan común como buscar la historia del Reino Unido, Etiopía, Nueva Zelanda o Panamá. El buscar vestigios de la historia boliviana en el libro de arena, no debería asombrarnos en lo absoluto, simple y llanamente es llevado a cabo por el empleo de la curiosidad personal, curiosidad que puede ser compartida por muchos.

Entre los pasajes encontrados y perdidos, observamos que los patriotas, aquellos que lucharon por la libertad de estas tierras fueron patriotas de último momento. La viveza criolla hizo que los bien posicionados miembros del ejército realista tomen partido por la libertad de la patria, Casimiro Olañeta es el más grande ejemplo de esa actitud de liberación. También, encontramos la triunfal llegada de los libertadores, Bolívar y Sucre cuando llegaron al Alto Perú no desenvainaron su espada para proseguir la lucha, debido a que estos territorios que alguna vez fueron parte de la Real Audiencia de Charcas ya fueron liberados. El 9 de febrero 1825 un decreto de Sucre dio carta libre para que los patriotas tomen decisiones sobre los territorios liberados, la Asamblea General decidió ser independiente sin depender ni de Lima ni de Buenos Aires. Menciona el libro de arena que José Luis Roca tiene un interesante trabajo al respecto.

Tras que Bolívar aceptara a regañadientes la independencia de su hija prodiga, para la mayor parte de los bolivianos, fue el mejor presidente de la historia. Posiblemente, tal sentencia sobre la presidencia de Bolívar se deba a que ocupo muy poco tiempo el cargo. Igualmente, encontramos que Gabriel René Moreno describió como los habitantes de la nueva República pensaban que el país se encontraba lleno de grandes riquezas, las cuales corrían el peligro de ser explotadas por los grandes imperios extranjeros. La mentalidad que describe, todavía es prevaleciente en gran parte de la población. Cabe mencionar que René Moreno fue declarado traidor al traer consigo en pleno conflicto del Pacífico “las bases chilenas”, las cuales daban a Bolivia una salida marítima por Arica que es el puerto natural de Bolivia.

Los caudillos son una parte importante de la historia, ya sean letrados o bárbaros. La sociedad boliviana se mueve por oposiciones binarias simples, Carlos Montenegro fue quien tuvo la habilidad de que nos dividamos entre los buenos y malos (nación y antinación), haciendo de esta conducta social un hábito que no es criticado y que sirve para encumbrar a grupos que buscan el poder político. La necesidad del enemigo es fundamental, en caso de no poder lograr los fines propios, necesitamos señalar con el dedo a los “malos” que no nos dejaron desarrollarnos. Esto ocurre en todos los niveles del Estado: municipios, gobernaciones y a nivel del Estado central. Recordemos que “todo es inmenso en Bolivia, menos el hombre”.

Estas son algunas cosas que recuerdo haber leído en el libro de arena sobre Bolivia. Como mencionaría Alfredo Le Pera… “veinte años no es nada”, podríamos decir lo mismo de 191 años.                    


[*] Politólogo, columnista de opinión en El Día de Santa Cruz de la Sierra, Los Tiempos de Cochabamba y El Diario de La Paz 

lunes, 1 de agosto de 2016

Donde todo es mezquino




Jorge Roberto Marquez Meruvia[*]

Bautista Saavedra quien fuere presidente de Bolivia en “La democracia en nuestra historia” censuró de manera frontal los intentos de uniformamiento social. “La igualdad, la uniformidad, la unanimidad”, según Saavedra, eran la base de la negación de la autonomía, de la democracia, de la libertad. Sólo en un ambiente de diferencias y disparidades tiene la capacidad de florecer la “hermosa armonía de desigualdades”. Bolivia es esa armonía desigual, claro ejemplo son los pisos ecológicos que forman el territorio boliviano: los andes, valles y llanos son una clara muestra de diversidad.

La aventura para la creación de Bolivia comienza con el Decreto del 9 de febrero de 1825 dictado por el General Antonio José de Sucre. El decreto en unos de sus puntos menciona: “El objeto de la Asamblea General será sancionar un régimen de gobierno provisorio, y decidir sobre la suerte y los destinos de estas provincias, como sea más conveniente a sus intereses”. Hasta ahora se discute la participación de Casimiro de Olañeta quien fuera la figura que inspiro el decreto del Mariscal Sucre. Así comenzó el nacimiento de la diversidad, de la “armonía de desigualdades”. Siglos después un español como Joan Prats tendría la capacidad de explicar razonable y románticamente el “¿Por qué amamos Bolivia?” La respuesta es la diversidad, no podemos entender lo boliviano sin lo chapaco, colla, valluno, capitalino, camba, etc. Tenemos la suerte de la riqueza multicultural y no la pobreza de una unanimidad nacional.

Sin embargo, últimamente en las regiones se encuentra el fenómeno de exacerbar nacionalismos, posiblemente se deba al influjo de la globalización, la cual, necesita cada vez un mundo más homogéneo y los guardines de la tradición al no poder contrarrestarla se apoyan en mitos y creencias populares, estos guardianes y sus seguidores posiblemente al no poder entender la diversidad se apoyan en sus más básicas certezas. Ellos posiblemente no conocen la sentencia de Schopenhauer… “cuando menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación” y de la perversión patriótica la cual mencionaba Oscar Wilde. Ser universal, o de tener esa pretensión es un ejercicio de muy pocos hombres en Bolivia.

Los bolivianos universales fueron aquellos que se ganaron los agravios de su sociedad. Debido a que ésta sufre porque sus autoridades no han hecho el trabajo necesario para dar a conocer la obra de sus hijos más preclaros, de sus hijos más universales. La población boliviana en todos sus estratos sociales y ámbitos geográficos, no logran sentir admiración ni cariño hacia esfuerzos científicos e intelectuales. Los bolivianos universales de todos los tiempos como ser: Gabriel René Moreno, Enrique Finot, Armando Chirveches, Alcides Arguedas, Julio Méndez, Guillermo Francovich, Alfonso Costa Du Rels, Sergio Almaraz, Ricardo Jaimes Freyre y un largo etcétera, forman parte del rincón del olvido. Ya que parece que es pecado pensar de una manera crítica y decirle a la gente lo que no quiere escuchar. Empero, tuvieron la valentía de dejar en sus obras una interesante crítica a la bolivianidad y a sus actitudes, lo que H. C. F. Mansilla denominaría la “Bolivia profunda”, aquella que es parte de los hábitos y comportamientos de la sociedad, esos comportamientos y hábitos que son temporales y por desgracia pueden durar siglos.

Para esos pensadores bolivianos, aquellos que buscan crear fisuras en el pensamiento e instigar a la rebeldía de nuestra forma de ser, posiblemente se encuentren identificados con una sentencia llena de dolor de Sergio Almaraz: “Bolivia es el país donde todo es mezquino, menos el sufrimiento.”  
  



[*] Politólogo 

sábado, 23 de julio de 2016

El mal en política




Jorge Roberto Marquez Meruvia[*]

En caso de que lleguemos a proponer dentro del campo de la filosofía la idea de una voluntad maligna, estoy seguro que me ganaría la antipatía de Kant, Hegel e incluso Schelling. La noción de una negatividad positiva sería poner en cuestión el rechazo expresado por el idealismo alemán. Sin embargo, en el campo de la política es menos complicado evidenciarlo y explicarlo. Debemos empezar exponiendo que el ideal del mal es atemporal y tiene diversos significados. Desde el punto de vista teológico la tradición judeocristiana nos da ejemplos del mal en acción, por ejemplo, la serpiente que tiene la capacidad de convencer a Eva y Adán de probar del “fruto prohibido” o, Caín dando muerte a su hermano Abel. También, podemos mencionar el mito de Prometeo, el cual a ojos de los dioses del Olimpo comete un gran pecado: darle el fuego a los hombres. Sócrates era considerado el mal hecho carne, ya que se lo acusaba de pervertir a la juventud y negar a los dioses. Cuando los nobles en la Inglaterra de mediados del siglo XVIII empezaron a quedarse sin súbditos (ya que estos pasaban a ser obreros), la revolución industrial comenzó a personificar el mal. Napoleón I fue considerado por gran parte de las monarquías de Europa como un demonio que arrasaba con las viejas costumbres de las aristocracias.

El siglo XX pone de una manera cruel y sangrienta el mal en política. Bajo la idea de que el pensamiento racional libera al hombre y hace libre al individuo, el advenimiento del totalitarismo ha demostrado que el hombre es maleable y bajo el embrujo de líderes carismáticos puede seguir sin cuestionamiento la conducta gregaria de la masa. Otto Dietrich zur Linde, personaje de Jorge Luis Borges, pone en evidencia que tras el final de la segunda guerra mundial gana el mal, debido a que gana la violencia… “¿Qué importa que Inglaterra sea el martillo y nosotros el yunque? Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas. Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.” Los fascismos y el estalinismo han demostrado la crueldad del que pueden ser capaces los regímenes totalitarios. Cabe mencionar que los fascismos y el estalinismo no pregonaban en sus discursos el mal, según sus ideologías luchaban por un bien mayor. Claro ejemplo, son los campos de exterminio de los nazis para acabar con los judíos y las millones de muertes en gulags para expandir el socialismo en el mundo.

En América Latina y en particular en Bolivia es Carlos Montenegro quien supo manejar hábilmente la dicotomía del bien y el mal. En su obra postulaba que los representantes del bien, eran aquellos que luchaban por la nación; en contraposición, los representantes del mal era la rosca minero-feudal y los denominaba de anti-nación. Para los partidarios del Movimiento Nacionalista Revolucionario (los buenos) Hochschild, Patiño y Aramayo eran la encarnación del mal. Gran parte de la política boliviana y de gran parte del tercer mundo se mueve bajo este esquema de amigo-enemigo. El actual gobierno debe dar las gracias a los antihéroes que les pavimentaron el camino hacia el poder. El mal, es para nuestros gobernantes: los gobiernos neoliberales y el imperio norteamericano. Para el ámbito autonómico regional, el mal, es el poder del Estado centralista. Empero, de los males que se pueden observar en la sociedad boliviana es la ineptocracia galopante de sus élites políticas en todos los niveles del Estado, donde la inteligencia creativa ha sido proscrita.

¿Será qué pronto nos desharemos de nuestro males y podremos salir del escenario tribal y trivial en el cual vivimos?         
  



[*] Politólogo 

miércoles, 20 de julio de 2016

Una Fisura




Jorge Roberto Marquez Meruvia[1]

La manera más conveniente de llegar a definir una fisura sería la siguiente:

“Ir más allá de lo cotidiano.
Restarle crédito a la mezquindad de lo habitual.
Y también abordar, desde una perspectiva
generosa, los temas convencionales.”

Una fisura es una excusa perfecta para caerse del tiempo y romper con los hábitos cotidianos, dejar de lado la mezquindad y la ordinariez en las cuales nos desenvolvemos día a día. Salir por un momento de ese macabro escenario que nos rodea. Tal ejercicio, tiene la pretensión de hacer de los pequeños instantes eternos. Llegar a caer del tiempo es un ejercicio que en parte tiene unos tintes de anarquía, es el evidenciar que por momentos dominamos el inescrupuloso tiempo. En parte mi interlocutor demostró que “llevaba una buena vida”, era ético el convertir en actos lo que pregonaba. Había modificado la hora de las comidas, un ser singular, que en una especie de ritual acababa su día con la cena; los almuerzos, habían pasado a ser proscritos, en cierta forma la comida del medio día fue condenada al ostracismo.

La reunión había sido planificada hace ya un par de meses; sin embargo, el café que se planifico iba llevarse a cabo en los andes quedo postergado. Tuve que llegar a los llanos para poder encontrarnos. Empero, antes de comenzar la travesía hacia el oriente, él tuvo la gentileza de hacerme llegar por intermedio de un amigo común “Sócrates y los tigres azules”. Al principio, el libro debía de ser enviado por correo regular pero, él no pudo superar el terror kafkiano de enviarlo por las vías de la burocracia de uso. Una vez reunidos descubrimos gratamente que al parecer, en una esquina borroneada de alguno de los manuscritos (de un apócrifo informe de Brodie), hay una referencia a la batalla de Maldon, con la idea de que salvando a un poeta, se pueden tener noticias de dos caídos del tiempo, los cuales tenían como encuentro el río Blackwater. Una historia similar es descrita en la Crónica de Peterborough.

        Al caer del tiempo sentimos la amenaza de la inmortalidad y nos dimos cuenta que para existir, necesitamos simplemente un poco de carne asada con sal. También, volvimos a hacer la misma revelación acompañada con la sorpresa del descubrimiento: “Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible…”, entonces empezamos a hablar sobre los símbolos que nos rodean y que de manera cruel y atolondrada marcan la existencia de la masa. Casi como en un sueño del cual no se puede despertar y al encontrarnos adormecidos comenzamos a ver estructuras que tenían un glorioso pasado. El ayer como si tuviera la cualidad de atormentarnos nos muestra nuestro derruido presente. La “casa de la democracia” nos recordó al guardián incómodo del presente de nuestra democracia. Las ruinas eternas que no caerán para martirizarnos en silencio cada vez que la contemplamos. Es posible que el Alpeh se encuentre entre las ruinas, pero, nuestro miedo nos mantiene afuera, ya que no tenemos la valentía de vernos desde todos los puntos del universo.


Nos dimos cuenta que tanto en el ámbito tribal (nacional) y trivial (regional) “la filosofía provoca. La Política, decreta…” y tal como dictamino Luis XIV “no hay nada nuevo bajo el sol”. El escepticismo que compartimos no deja que tomemos partido por las “novedades” que se van repitiendo en el tiempo. Al momento de irme no nos dijimos adiós, sabiendo que pronto nos iríamos a encontrar y con la firme esperanza que esta vez nos acompañara un instigador a la rebeldía.    



[1] Politólogo 

sábado, 16 de julio de 2016

Sobre la enfermedad de la universidad pública




Jorge Roberto Marquez Meruvia[*]

Jorge Luis Borges mencionaba en una de sus clases dictadas en la Universidad de Belgrano lo siguiente: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”. Para él, su concepción de paraíso era muy particular, era una biblioteca. Para comprender los problemas que suceden ahora con la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, dilemas, los cuales son parte de toda la universidad pública en su conjunto existe un texto el cuál debería ser revisado por el público en general.

Octavio Gutiérrez Figueroa y Enrique Fernández García publicaron Universidad Enferma en diciembre de 2003. Sus autores mencionan en sus páginas… “es un libro concebido como un instrumento con el cual, pretendemos hacer llegar hasta la conciencia de nuestros lectores, la difícil situación por la que atraviesa una institución tan importante como es la Universidad Pública en Bolivia. Anhelamos que cada quien a su turno, y en la medida de sus posibilidades, pueda contribuir a nuestro propósito de que todo lo que en él se describe, se encamine al urgente y necesario cambio de actitud de quienes son y serán parte de este problema”. El libro es un examen sincero e incómodo de sus protagonistas, surgió del seno universitario para constituirse en una autocrítica que debería de ser tomada en cuenta.

Los temas tratados son tan reales como los personajes que cobran vida en los recintos de la universidad boliviana. Sin temor y de manera frontal describen todos los males que se adueñaron de la universidad. Evidencian que existe una fuerte crisis dentro las universidades públicas, lo lamentable, ante tan negro panorama, es que nadie hace nada para cambiar ese macabro escenario. La mediocridad, el facilismo, el desinterés, la inútil burocracia y el infantil centralismo son factores que crean las herramientas para que siga creciendo la inagotable corrupción.



La obra parece relatarnos a personajes fantásticos, los cuales desgraciadamente se encuentran dentro de la universidad y son tan reales como nosotros mismos. Burrócrato, Brutócrato, Lisonjero y Autoridad son personajes comunes casi inherentes al sistema de la universidad pública. También, es digno de mención la cátedra de Platero, quien es un docente que se encuentra dictando una cátedra gracias a una “concesión política, contraprestación de un tráfico ilícito patrimonial, o, como premio de las infames horas que sirvió (en los actos proselitistas) a su acéfalo adalid. Y es que, este humano cerril, es fervoroso en el momento de perseguir una carga horaria”.

Las actitudes observadas son parte viva de la universidad pública, en parte es un reflejo de nuestra sociedad, reflejo que evitamos ver y del cual somos acríticos. Cuando ocurren los conflictos electorales dentro los predios universitarios, nos sorprendemos con facilidad, nos aterramos no solamente de la agresividad, sino también, del sin sentido atolondrando que domina a los protagonistas. Nuestro terror es fácil de explicar, es el reflejo de cada uno de nosotros en total desnudez, con la capacidad de ver engrandecidas nuestras miserias. Obviamente, no haremos nada. Tenemos la capacidad de olvidar, posiblemente porque el hecho de reflexionar y solucionar los problemas de la universidad es una pérdida de tiempo, y que no tiene ningún tipo de valor. La definición de democracia de la universidad pública se convierte en el argumento clásico que fue recogido por Herodoto: “Nada hay [...] más insolente en el querer que el vil y soez populacho” que “a manera de un impetuoso torrente lo abate y arrastra todo”.

En el fondo los males de la universidad pública, son los males de nuestra sociedad.      
     



[*] Politólogo